Los edificios inacabados que quedaron abandonados tras la crisis inmobiliaria de 2008 están encontrando una segunda vida en Galicia. Se estima que existen más de 6.000 estructuras paralizadas en la comunidad, y actualmente se conceden alrededor de 1.700 licencias anuales para su rehabilitación.
La recuperación de estos inmuebles permite aprovechar gran parte de las estructuras ya construidas, lo que supone un ahorro de entre el 30% y el 35% en los costes de construcción. Gracias a ello, las promotoras pueden ofrecer viviendas de calidad a precios más competitivos y en plazos de entrega más reducidos.
Localidades como Lugo, Barreiros y Narón son algunos ejemplos donde antiguos esqueletos de hormigón se están transformando en nuevas promociones residenciales. Además de contribuir a aumentar la oferta de vivienda en un contexto de alta demanda y precios elevados, esta estrategia favorece el aprovechamiento de recursos ya existentes y reduce el impacto ambiental de nuevas construcciones.
Lo que durante años fue un símbolo del fracaso inmobiliario se está convirtiendo ahora en una solución práctica para responder a las necesidades actuales del mercado de la vivienda en Galicia.